La ignorancia alguna vez fue mi aliada

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El título podría haber sido una frase más conocida que dice “nada es tan atrevido como la ignorancia”. Si lo llevo a los inicios de Zetasoftware, ambas frases hablan de algo que yo no sabía y que eran justamente la inmensa cantidad de cosas que no sabía.

Hace un tiempo en Twitter, en un mal día y ya bastante harto de supuestos emprendedores que tiraban consejos sobre emprendimiento (que básicamente eran auto-elogios camuflados) escribí que si Sócrates hubiese sido uruguayo su frase más famosa diría “No sé que no sé nada”. Ese tipo de ignorancia es la que llamo “ignorancia mala”. No obstante hoy quiero hablarles de la “ignorancia buena”, esa por la cual nuestro emprendimiento, y creo que el de muchos, ha sido posible.

Cuando arrancamos Zetasoftware ignoraba que al emprender se empieza a transitar por un camino que abre otros caminos que no hubiesen sido posibles si no se daban los primeros pasos en el primero.

Ignorábamos que nuestra competencia nos ignoraba. Nosotros nos sentíamos un gran rival aunque debo confesar que era una ilusión que solo vivía en nuestras mentes. No obstante visualizarnos en esa carrera era un importante estímulo que duró hasta que dejamos de compararnos.

Y hablando de nuestra competencia, frente a algunos no sabíamos cómo mejorar lo que ofrecían, y con otros no sabíamos cómo diferenciarnos, lo que nos llevó a imaginar nuevos caminos y estrategias hasta bajar a tierra la ley Nº 2 de las Leyes Vencedoras del Marketing de Al Ries: “Si Ud. no puede ser el primero, debe inventar una categoría diferente para serlo“.

Ignorábamos lo que era un plan de negocios. A todas las preguntas de un plan (objetivos a corto, mediano y largo plazo; la estrategia para conseguirlos; presupuestos, estructurales organizacionales, etc.) las respuestas más probables hubiesen sido “lo que podamos”, “ni idea”, “para que lo necesito?” o “¿qué es eso?”.

Ignorábamos que el producto era solo una parte del todo. Pensábamos que un buen software a un buen precio era suficiente, hasta que nos dimos cuenta que el producto era quizás la parte más importante, pero sólo una parte del servicio total.

Sabíamos que rodearse de “buenas personas buenas” era importante, pero ignorábamos lo tan importante que era.

Ignorábamos que “foco, perseverancia, y conocimiento” eran las tres palabras mágicas que definían casi todo nuestro actuar, hasta un día que escuchamos a Enrique Baliño hablando de cómo fracasa todo un emprendimiento por la falta de una sola de esas palabras.

Y así puedo seguir detallando muchas cosas que no sabíamos, todas ellas importantes. No obstante me doy cuenta que nunca nos enfocamos en lo que no sabíamos. Más aún, ni siquiera sabíamos que éramos “emprendedores”, una palabra que empezamos a escuchar algunos años después.

Lo que en realidad hicimos fue enfocamos en forma desbocada e inconsciente en lo que sí sabíamos, en nuestras fortalezas, en nuestra visión, en nuestra convicción de que éramos capaces de mejorar algo de la realidad.

Hoy, a modo de ejercicio, me gusta hacerme la siguiente pregunta: ¿Qué habría sucedido si, antes de empezar a actuar, hubiera buscado en Google algunos “consejos para emprender”?

Sospecho la respuesta: posiblemente, tras escuchar a tantos “gurús”, me habría abrumado la inacción, me habría sentido incapaz de afrontar el desafío por no considerarme suficientemente apto o, en el mejor de los casos, me habría resultado mucho más arduo poner en marcha el verbo hacer.

“Todo lo que necesitas en esta vida es ignorancia y confianza en ti mismo, así tendrás el éxito asegurado” – Mark Twain


Publicado en El Observador en 4 de Febrero de 2013

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